lunes, 13 de febrero de 2017

Desahogo


Es la quinta vez; la quinta en un día,
Que mis entrañas me miran y señalan,
Como a un viejo conocido que ha olvidado,
Dónde encontrar su reflejo perdido.
Por ello no busco que me recuerden,
Sólo que me reconozcan sin dar señales,
Que las cicatrices son las únicas de verdad,
Y nunca es recomendable irlas mostrando.
Se pueden colar moscas. Dejar larvas.
Entonces sería más fácil, más que eso,
Nadie olvidaría nunca al hombre que las cría,
Del que salen volando miles de ellas,
Aquel que las mira como a sus hijas, sonriendo.
Aunque se desangra por el camino, no queda otra,
Los huecos que deja la creación no respiran,
O lo hacen demasiado y oxidan el puño de acero,
Que no deja de grabar fotografías en los espejos.