martes, 29 de octubre de 2013

Páginas Perdidas (3/5)



Una noche fría, lluviosa y oscura, se deslizaba a toda velocidad entre las sombras lo que quedaba de mí, mientras cojeaba y me quejaba del golpe que había recibido en la rodilla, que a duras penas me dejaba continuar. No me quedaba otra opción que seguir ahogando entre los brazos de la lluvia los gritos de dolor e intentar desaparecer lo antes posible, ya que mi perseguidor tenía un objetivo y un calibre 38 para llevarlo a cabo. Seguí corriendo en busca de refugio desviando la mirada atrás de vez en cuando, para ver como se acercaban paulatinamente los ojos del diablo; dos luces, que correspondían a los faros del Sedán que andaba tras mis pasos. El eco acuoso de los charcos bajo mis pies me acompañó hasta dentro de aquel bar de carretera que a lo lejos parecía abandonado. En efecto, lo estaba. Era un lugar polvoriento con un morboso olor a madera podrida y sueños desgastados por el tiempo y la falta de clientes, que descansaba en paz frente al famoso motel al que llaman cariñosamente " El desierto", no por falta de residentes, sino por abundancia de camellos. Cada semana encontraban algo nuevo, ya fuera el alijo de algún traficante de medio pelo o una manada de prostitutas que malvivían en menos de veinte metros cuadrados, donde a la vez ejercían su profesión. Fuera se oyó un portazo. Salté detrás de la barra mientras oía unos pasos frente a la puerta. El pomo giró sobre sí emitiendo un crujido metálico que desencadenó una serie de chirridos, silbidos y otros crujidos por toda la decrépita estancia.
-Sé que estás aquí, hijo de puta_gritó.
Los pasos se seguían acercando camino de mi escondrijo, mientras yo buscaba alguna forma de escapar en mi desesperación por conservar la vida...y el valioso manuscrito que yacía en el interior de mi gabardina. Aquello era por lo que aquel maldito policía me andaba buscando con tanto afán. Llegado el momento dejé de respirar. El silencio era tal que oía los acelerados latidos y gruñidos del otro lado de la barra, cuando descubrí una especie de trampilla bajo ella. Al intentar abrirla se desató un estruendo que alertó al cazador y yo, como buena presa, salí de allí por la apertura sin pensarlo y sin saber exactamente dónde me llevaría aquel agujero, a tiempo de oír el silbido de la bala golpeando la manilla de acero <<Supongo que será mejor que el interior de un ataúd>> pensé. No sabía hasta que punto se alejaban estas palabras de la verdad. Aparecí en una habitación de "El desierto" oscura y maloliente, con la apariencia de estar actualmente deshabitada <<Gracias>> dije, sin saber a quién se lo agradecía. Me senté en aquel colchón mohoso con manchas multicolor que parecían llevar siglos conspirando contra la salud de los inquilinos, me quité la gabardina mojada y saqué el manuscrito del bolsillo interior. Suspiré. En ese momento la puerta se abrió dejando a la vista una silueta encorvada, tambaleándose, que se acercaba balbuceando. Me quedé mudo. Levantó la cabeza en el momento exacto para verme coger la gabardina y correr hacia el baño, y yo me giré en el momento idóneo para ver el fogonazo.