martes, 10 de septiembre de 2013

Páginas Perdidas (Parte 1/5)

Despertó a las 14:03. Se encontraba en la habitación más demacrada, del motel más maloliente, de la ciudad más empobrecida del país. Su escritorio, lleno de ideas envueltas en bolas de papel, le habría parecido un buen colchón a la ginebra que guió sus pasos la noche anterior, ya que estaba tumbado sobre él y un fino hilo de babas colgaba desde su boca hasta casi rozar el suelo. Cuando por fin tuvo conciencia de estar totalmente despierto, comenzó la cadena de confusión y náuseas a la que llaman "resaca", desatando un aullido desgarrador en su garganta. Al alzar la vista del suelo, lo que vio se le antojó grotesco, parecía que el caos se había resbalado de su propia psique para colarse en la habitación. Las paredes, amarillentas y agrietadas, presentaban un rastro ocre de suciedad que llegaba hasta su camisa, que a su vez descansaba sobre el sofá. Se levantó, secándose el sudor mientras se acercaba para recoger la camisa, en un intento por encontrar una pista de sus andanzas nocturnas entre la ropa, cuando un crujido acompañó el pinchazo. Se llevó las manos a la boca para ahogar un grito, que escapó al tiempo que caía al suelo y entonces, vió los cristales.
¡Mierda! La botella es traicionera para el hombre; incluso estando vacía_ dijo en un murmullo, como para sí, quitando los pedazos de vidrio de sus pies ensangrentados.
Después de hacerse un torniquete improvisado con un calcetín, hurgó en cada bolsillo del pantalón y en el interior de los zapatos sin ningún resultado. Al examinar más de cerca la extraña sustancia que atravesaba la pared, advirtió que no era suciedad, sino sangre seca. Empezó una tormenta de conjeturas sobre la persona de la cual había salido dicho fluido y la posibilidad de haber cometido un acto criminal bajo los efectos del alcohol, que descartó hasta seguir el rastro del goteo, desde la camisa hasta el cuarto de baño. Entró, empujando la puerta con un enérgico golpe, se mezclaron el miedo y la curiosidad en ese instante mientras su respiración se aceleraba. Corazón galopante en el pecho, abrió las cortinas con un movimiento rápido y la imagen lo asfixió completamente; en aquella bañera yacía un cadáver, con la boca espumosa, la mirada perdida y un agujero en el cráneo. Entre las manos sujetaba un sobre abultado que parecía un gran manuscrito. Se lo arrancó de los dedos, pensando en que arrojaría luz sobre este sombrío acontecimiento, pero al pensarlo mejor, decidió deshacerse del cuerpo antes de leerlo, ya que la policía hacía un registro semanal rutinario por las habitaciones del motel para buscar traficantes y prostitutas. Rememoró cada escena de cada novela negra que había leído hasta entonces, intentando descubrir cómo hacer desaparecer "el problema" en plena tarde, con la luz del Sol preparada para delatarle. Estaba abstraído en la elaboración del plan, cuando oyó el ruido de unos nudillos golpeando la puerta contigua <<¡Policia!¡Abran inmediatamente!>>. No quedaba otra salida, cogió el sobre con el manuscrito y salió por la ventana del baño, cayendo sobre un agente que merodeaba por allí, que volvió a levantarse desconcertado y furioso al grito de <<¡Agente herido, sospechoso a la fuga, pidan refuerzos!>>, mientras él seguía corriendo, sin saber bien a donde iba.
Esa noche todo el cuerpo de policía le buscaba, al igual que él buscaba respuestas para esta aventura inesperada, que en pocos minutos, lo había transformado de escritor frustrado a prófugo de la justicia. La pasó merodeando en la oscuridad, acompañado por el miedo, las ratas, el hambre y el misterioso manuscrito, que leyó y releyó hasta que las agujas luminosas del alba despuntaron sobre el horizonte.