sábado, 7 de septiembre de 2013

Mutismo en la Niebla


En algún lugar entre la espesa niebla, que hacía de telón del Universo para los viandantes desconcertados de miradas vacías, se vislumbraba una sombra atrapada en su silueta. Sus manos se deslizaban, acariciando una pared invisible a los ojos de cualquier otro, palpando los límites de su imaginación con esa mueca que se dibuja en el rostro en momentos de intensa armonía, donde las ideas bailan burlonas sobre tu cabeza y todo cobra sentido. De repente, una epifanía se deslizó por cada fibra de su ser, tiñendo de tensión sus músculos y de inspiración su mirada. La niebla fue difuminándose paulatinamente mientras la silueta se acercaba al tiempo y la luz mordía sus facciones.
El mimo se borró el maquillaje, dejó su bombín en el suelo y dijo <<Llevaba 15 años encerrado en la cárcel del silencio y la soledad, mas siempre supe que debía haber una salida, un hueco entre los muros que le concediera libertad a mi conocimiento y pusiera alas a las palabras, guardadas con tanto tesón tras el sello de mis labios. Usted, querido desconocido, se preguntará por qué le cuento todo esto, pues bien, simplemente por el placer de una conversación después de arrancarme el silencio de la boca. Todo este tiempo, he estado palpando cada sílaba que oía a mi alrededor, mas todas eran trivialidades sin sentido que pululaban en forma de murmullo entre la multitud. Usted, con su mutismo atónito, me ha dicho más de lo que han hecho las miles de personas que han paseado a mi alrededor, con sus comentarios sin sentido, sus prejuicios entorno a lo distinto y la extraña conjetura de que la locura es la reserva de tus pensamientos. Por eso decidí dejar de hablar hasta encontrar a alguien que encontrara el silencio tan acogedor como yo>>. Se marchó sin más, recogiendo su sombrero.
Nunca volví a ver a aquel sabio mimo, pero su lección se grabó a fuego en el fondo de mi alma: "Las mejores conversaciones se tienen en silencio".