jueves, 4 de julio de 2013

La Visita

Escruté en silencio el placer de medianoche, con los ojos vendados por la oscuridad. Mi unica comañía, un ventilador, que jugueteaba con las cortinas haciéndolas bailar sobre mi espalda y un papel en blanco. Mi dedo índice acarició las lineas pausadamente, como saludando a antiguas compañeras de batalla, recordando las sonrisas y lágrimas escondidas por el tiempo. De repente me incorporé, armado con un bolígrafo y una historia que contar. Inspiré profundamente, las ideas empezaron a fluir hacia el papel sin abrir los ojos, mi alma se desangraba en tinta y mis delirios aprovechaban para dar un paseo. A la tenue e intermitente luz de un cigarrillo, que dibujaba mi rostro en la oscuridad mientras ambos nos consumíamos, contemplé mi reflejo en cada linea como si de espejo mental se tratase. Comprendí que cada suspiro, cada risa, cada problema, cada mentira, cada sueño, eran reales en mi interior.
Esa noche, amigo lector, me visitó la condena y salvación de todo escritor: la inspiración.