martes, 2 de julio de 2013

Extrañas Coincidencias. Capítulo 2: La familia Cortés y la desaparición definitiva

Bajo el sol abrasador del mediodía, Felipe Cortés pasaba el cortacésped tarareando despreocupado y enjugándose el sudor miró enderredor satisfecho de sí mismo, entretanto, su hijo Daniel, que apenas contaba dos años de edad, plasmaba garabatos sobre un papel en blanco con ese entusiasmo que el tiempo acaba arrebatando. Elsa cocinaba alegremente en el interior de la casa, hondeando sus dorados cabellos al paso con gracia. Cuando el césped estuvo cortado y la comida preparada, la familia se sentó a la mesa para almorzar. Era un espléndido día de verano; una suave brisa acariciaba las cortinas y la calma se respiraba en el ambiente. Terminaron de comer, madre e hijo se marcharon a descansar mientras Felipe se deshacía de las briznas sobrantes del jardín. Al hacerlo, una de las bolsas de plástico que contenía los deshechos se volcó y después de un suspiro de frustración se dispuso a recogerla. En ella encontró el trozo de papel con el que el pequeño se había entretenido minutos antes, de pronto se estremeció, el miedo acudió a su rostro, hizo trizas el papel con furia y lo tiró junto a los deshechos de la jornada. El dibujo representaba una alfombra enrollada, una furgoneta y un pantano, debajo se podía leer: <<No estás a salvo>>. Nervioso, se dijo que estaba demasiado cansado y que el calor lo hacía delirar, solo necesitaba descansar, solo eso. Entró de nuevo en la casa, dejando sus quehaceres por falta de ánimo, dejando al descubierto su nerviosismo. Caminó por el pasillo, giró el pomo de su habitación y aunque su mujer oyó aquel portazo, sostuvo el silencio como Justicia su balanza: con los ojos tapados.
Desde aquel día y durante los dos años siguientes, aquella imagen acudió a cada una de sus pesadillas, de las que despertaba con un grito, sudoroso y aterrado. No podía creer que una locura así pudiera si quiera pasársele por la cabeza, ¿se estaría volviendo loco?¿la conciencia carcomía su alma? <<No, seguro que son imaginaciones mías, un mal trago se recuerda durante un tiempo, hasta que el siguiente lo sustituya>> se repetía constantemente como para convencerse de ello.
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Al llegar a casa de su cuñada, Suárez advirtió una mirada clavada en su espalda, escalofriante y conocida al mismo tiempo. No pudo reconocer el lugar de donde provenía, ni la persona que la lanzaba con tanta acritud, al menos, eso le parecía. Acarició la puerta de una caravana azul con los nudillos, que crujió y cedió tras ellos. El interior del habitáculo disponía de un sofá-cama, una nevera vieja, un microondas, un baño y una mujer adherida a una silla cubriéndose el rostro con las manos. Dicha mujer era Laila Gómez, o lo que el tiempo había olvidado llevarse de ella, que lloraba amargamente aunque sin lágrimas. Levantó la cabeza unos centímetros al advertir su presencia y emitió un gemido que Suárez interpretó como una invitación a sentarse.
-Ésta vez se lo han cargado, Carlos_dijo secamente.
-¿Por qué piensas eso? Ya sabes cómo es, alomejor solo es otra de sus escapadas.
-Porque en el cártel ya empezaban a sospechar, se mostraba muy nervioso cada vez que llamaba a casa y útimamente se volvía violento en décimas de segundo. Estoy segura de que le han descubierto y han sellado sus labios para siempre_ dijo sin emoción alguna en la voz.
-¿Pero cómo iban a descubrirlo? él siempre preparaba su falsa identidad de tal forma que ni sus mejores amigos pudieran reconocerle, además de los cortafuegos que puso el gobierno entorno a su pasado.
-Ese mismo cortafuegos pudo haberle delatado, nadie está tan limpio como le hacían parecer.
-¿Tienes idea de quién pudo hacerlo?
-Cualquier sicario de la banda, aunque quizás....
-¿Quizás..?
-Había un miembro en especial que se la tenía jurada a Tony: Mario Dos Santos, que se hacía llamar "El Bárbaro", era un antiguo mandamás de la organización que fué degradado para dar paso a tu hermano. Hace poco estuvo aquí con un mensaje no muy amistoso para él.
-¿Sabes donde puedo encontrarlo?
-Tiene un taller al final de la calle, muchos creen que como tapadera de sus otros negocios, así que anda con cuidado_dijo, al mismo tiempo que lanzaba indirectas entorno a su falta de ganas de seguir la conversación.
El detective las cazó al vuelo y salió de allí absorto en encajar las piezas del puzzle, mientras el Sol se derretía en el horizonte como sus espectativas de volver a ver a su hermano con vida.