miércoles, 3 de abril de 2013

Feliz Como Los Muertos


Vivo en el fragor de una constante batalla interna,
un suspiro de libertad consumiría esta carcel de
naipes que se erige ante mis sueños, aunque una brisa de rencor dormido podría afianzar los barrotes de éste, mi Averno personal. ¿Es el precio de la integridad o la compensación por la locura? le pregunto al demonio del otro lado del espejo, que entierra en sus labios la respuesta a mis inquietudes. Gotas de sudor frío inundan la realidad de voces vibrantes y sonrisas ladinas, que juzgan mis actos
y la falta de algunos. En esta colmena de asfalto que ejerce presión sobre mi pecho, el dolor se disfraza de odio y rezuma desesperación, diluida en lagrimas de arrepentimiento.
En los caminos donde nacen las preguntas, se ahogan las respuestas
en el océano de máscaras exánimes que se extiende ante mi.

Solo queda el fugaz y dulce sabor de los momentos en que,
como diría Alejandro Dumas, sin pensar en nada soy feliz
como los muertos.

J.
Rodríguez