lunes, 11 de febrero de 2013

Curiosa inocencia

Nunca creí que unas palabras de curiosa inocencia, como las de aquel día, pudieran señalar una herida tan grande. Entré aquella mañana, mientras el Sol todavía dormía sobre el horizonte, en aquella aula diminuta del final del pasillo. Cuando acaricié la puerta con los nudillos, la puerta se deslizó tras el tacto de mi puño y encontré un mar de caras curiosas, felices e inocentes clavándome su tierna mirada. Saludé cordialmente al profesor, me senté a su lado y dejé que el milagro del aprendizaje siguiera su curso con total normalidad.
Entonces ocurrió, aquella pequeña, con un brillo inteligente en sus ojos de esmeralda, llevó su redacción sobre el medio ambiente al profesor, me miró y, con una sonrisa tímida y las mejillas rojizas, volvió a su pupitre escondiendo la cara entre las manos. El profesor le dijo: <<Alma, este texto está muy bien, pero no se puede escribir hasta el fin del papel, hay que dejar unos márgenes>> a lo que la niña contestó <<¿Por qué?>> <<Porque si escribes en todo el papel queda feo>> y entonces se me cortó la respiración y mi corazón se quedo en silencio, el tiempo se paró a mi alrededor al oír escapar de aquellos labios escarlata: <<Pero, ¿no quedaría más feo un bosque sin árboles?>>. El profesor se congeló con la sorpresa dibujada en la cara, dio por terminada la clase y se hundió en sus pensamientos mientras andaba hasta su piso. Por mi parte, tuve y tendré aquellas palabras clavadas en mis sueños, como una obsesión latente, hasta el fin de mis días.

J.Rodriguez