domingo, 10 de febrero de 2013

A la sombra de la pobreza

La necesidad abre los ojos con un desierto en el estómago. Aparto mi seguridad y aislante en un golpe seco, entre cartones rotos y hombres felices. El cajero rebosa malicia ahogada en sonrisas de repuesto. El Sol muerde mi piel con fuerza y agradezco su compañia, mientras mi cuerpo me arranca la vida a vómitos y el dolor, el silencio a golpes. Llevo una sinfonía de olores pútridos adherida que la gente señala sin piedad, el sufrimiento propio hace estragos en los demás por egoísmo. Oigo los latidos del hambre y degusto el olor a ciénaga que desprende mi comida, consumida por el tiempo, como la sinceridad en un mundo de palabras de humo. Desaparece con la rapidez de un destello mientras recojo mis recuerdos, reducidos a sangre negra y cristales de bolsillo. Se avecina el comienzo de un camino sin rumbo para un caminante sin piernas, pensando en que la sombra lo envuelva en su abrazo y lo lleve lejos de la mugrienta realidad, con la cabeza en el infierno y los pies en el asfalto.

J.Rodríguez